lunes, 26 de mayo de 2008

Mis alumnos

Siempre he pensado que dar clase es casi tan excitante como subirse a un escenario. En mi caso el público se reduce a 15 o 20 alumnos según el grupo, pero desde mi percepción son más valiosos que una multitud. Cada uno con su historia, con su universo personal envolviéndolos, con la riqueza y la sensibilidad de la gente que se acerca al arte, con la responsabilidad de sentirse en los últimos cursos de una carrera que tendrán que defender y potenciar a lo largo de su vida. Vamos, que en el conservatorio, mis alumnos son lo más importante que tengo y siempre he sentido la necesidad de cuidarlos y ofrecerles todas las posibilidades que estén a mi alcance.
Con lo tres principios fundamentales muy presentes hacia mi trabajo: dignidad, honestidad y responsabilidad, unidos por supuesto al respeto máximo y a la tolerancia, las cosas suelen funcionar siempre bastante bien.


Llevo conmigo habitualmente una frase del genial Woody Allen, en la película “todo lo demás”, que en su papel de profesor universitario, paseando con su amigo falk, comenta: “intento darles algo de cultura para evitar que se maten a cadenazos!”. Evidente y afortunadamente mis alumnos del conservatorio están muy lejos de tales conductas animales pero es cierto que en la sociedad en que vivimos la educación de la sensibilidad artística juega un papel absolutamente indispensable. Y en este sentido creo que mi posición es fundamental. Si consigo llegar a unos cuantos, mi labor quedará recompensada. Para mi lo importante no es la programación o unos contenidos determinados, sino por encima de todo, llegar a ellos. Conseguir esa conexión en la que mis emociones salen de dentro y tropiezan con sus ganas de aprender y de recibir todas esas sensaciones.


Con todas las miradas clavadas en lo que digo (en mi o en la pizarra) y con los oídos bien abiertos sedientos de recibir información, mi responsabilidad llega a tal punto que después de estar diez años impartiendo clase, no puedo evitar ese hormigueo en el estómago cuando me pongo delante de ellos. Y como si de un concierto se tratara, voy intentando a lo largo de hora y media, dirigir y redirigir las energías, los puntos de tensión y de reposo, el clímax, su atención o desatención, para lograr la clase perfecta que todos los días me esfuerzo por llegar a hacer.


una de mis pizarras...

Orlando Nández es profesor de Análisis Musical en el Conservatorio Superior de Música "Oscar Esplá" de Alicante

viernes, 23 de mayo de 2008

Mi primera canción

El tiempo pasa irremediable ante nuestros ojos pero parece que fue ayer cuando compuse mi primera canción “No te volví a ver”. El deseo de toda mi vida fue desde siempre hacer canciones pero reconozco que el momento para plasmarlas de verdad no llegó hasta hace muy poco. Era incapaz de escribir unas líneas. Prometo que lo intenté en más de una ocasión. Con 18, con 20, con 23 años… no hubo manera. Llegó un momento en que pensé de verdad que ese no era mi trayecto. Pero mi mente, y mi alma se empeñaron concienzudamente en buscar donde fuera una luz de inspiración por minúscula que resultara.


Y llegó un día. Debían ser las dos o las tres de la madrugada. Me había comprado un minidisc para grabarme mientras esbozaba y buscaba con mi guitarra y mi voz. Y poco a poco fueron saliendo las cosas.


Pasaba un momento delicado en mi relación. A Eva le habían destinado en el conservatorio de Cuenca y eso nos mantendría separados cada semana. Un día fui a despedirle a la estación de autobuses y cuando perdí de vista el autobús en que se marchaba recibí un mensaje suyo con unas palabras que se me han quedado grabadas: “pero volveré siempre…”


Evidentemente las cosas ya no volvieron a ser igual que esos primeros tres años que habíamos pasado juntos.


Todo se mezcla en mi primera canción, la plenitud, la tristeza, la nostalgia…

"La tarde en que nos conocimos
la lluvia mojaba toda tu risa
toda la ilusión que dentro escondías
transformaba el aire que nos unía.

Tu pelo sobre mi cara,
Respiré la vida que allí guardabas.

No quiero perder, ni un solo recuerdo que compartimos
ni ese atardecer en que nos prometimos
darnos para siempre sin concesiones
un mar entero lleno de emociones.

Tu cuerpo sobre la cama
que nos vio rozando la voz sin habla,
susurros sobre la almohada que van
tiritando en mi piel mojada.

Un abismo que nos depara
y que va cubriéndote ensimismada.

Volveré a nacer.

Tan sólo quiero escucharte
y entregarte el sueño que no soñaste,
un cariño por contestarte que arrebata
el miedo de no alcanzarte.

Un murmullo que insinuaba
No tengas prisa, no digas nada

y déjame gritar"


Al final, lo que más me gusta de todo, las palabras de aquel mensaje al móvil:

Llorabas cuando me decías:
“volveré siempre que me lo pidas”.

No te volví a ver...


Fue mi primera canción, en una madrugada perdida de octubre de 2003 que ha quedado ya atrapada en mi interior para siempre.



Dos canciones especiales

Alguien me dijo que mis canciones suelen estar teñidas de cierta melancolía o nostalgia de un pasado que ya sólo permanecerá en nuestro recuerdo, y es cierto. Esa es la visión que en lo más profundo de mí, subyace en relación a la vida. Lo paradójico es que soy intensamente feliz en muchos momentos y conservo el optimismo para seguir superándome cada día.

Hay dos canciones especiales "sobran las palabras" y "no soy capáz". La primera comencé a concebirla en diciembre y no me decidí acabarla hasta marzo de este año. No quería perder la ocasión de decirle en vida a mi padre lo enormemente importante que ha sido para mí y lo importante que es cada momento que paso a su lado.

"Hoy, me queda la esperanza de tenerte aquí,
con tantas cosas por vivir de nuevo y compartir
y quiero desnudar el corazón.

Hoy te debo tanto que me sobran las palabras..."

y me acuerdo tanto de algunos momentos de mi niñez, aquí en mi ciudad, alicante, paseando de la mano con él, llevándome y trayéndome a tantos sitios. Imágenes que quedarán por siempre en mi.

"Voy midiéndome en tus pasos que hoy me traen aquí
prendido en el cariño de otro tiempo en que viví
contigo tanta vida en realidad.

Doy lo que ahora tengo porque guardes mi mirada
junto a la tuya que se oculta en otro atardecer
del mar que se llevó
memoria de un pasado entre los dos."

A mi madre no tuve tiempo de regalarle una canción mientras estuvo conmigo pero no importa, ella sabía que lo era todo para mí y pude demostrarle mi amor con creces. Ahora le he escrito "no soy capáz" y contrariamente a lo que pueda parecer es una historia de esperanza y de luz. En el dolor que trasmiten esas líneas os aseguro que siento un bienestar intenso de conexión con ella. Y en ese sentido me libera. Sólo quiero que sea una bonita historia de amor. Nada más.

"Y sólo puedo hablarte,
buscarte en las esquinas de esta melodía
queriéndote inventar una vez más conmigo
para poder sentir que no te has ido.
Me quedo en la penumbra de esta madrugada
tratando de escuchar la soledad."


Me identifico mucho (tal vez por mi contacto con el ámbito de la música clasica) con este tipo de sonoridad: una voz, un piano, un sencillo arreglo de cuerda, y un violoncello solista que se enreda con mi voz en la segunda parte como las ramas de ese árbol en la portada del disco.

Sólo espero que allí donde esté le guste.